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Como norma general, se sabe que el ser humano es un ser esencialmente visual. Nuestra curiosidad ha sido siempre estimulada por lo que podemos ver, más que por cualquier otro sentido. Esto fue suficiente para nuestros antepasados, quienes aprendieron a dominar al medio que les rodeaba observando a la naturaleza y transmitiendo sus conocimientos entre generaciones mediante el ejemplo y los gestos, mucho antes de que el lenguaje fuese un factor determinante en nuestro desarrollo. Así, aunque a lo largo de los últimos cuatrocientos años avanzamos de forma decidida en muchísimas áreas de la ciencia, no es de extrañar que el estudio de lo pequeño, de aquello que es invisible a nuestros ojos, haya estado entre lo último que hemos aprendido sobre el universo en que vivimos. Del mismo modo, aunque el tema de los micro-universos no ha sido tratado con la misma frecuencia que otras variedades de la literatura de Ciencia Ficción, existen suficientes ejemplos representativos a lo largo de la historia del género. He aquí una pequeña muestra.
En épocas más recientes,
Robert A.
Metzger (1) (n. 1956) publicó su novela: “Picoverse”, la cual resultó ser
nominada para los premios
Nébula de la
SFWA como una de las mejores novelas del
año 2002. Picoverse mezcla las últimas teorías sobre
En fin, parece que como en muchas otras cosas, la Ciencia Ficción continúa haciendo lo que hace mejor: especular sobre las posibilidades actuales de modo que podamos prepararnos para las realidades que llegarán cuando el futuro (o el pasado) nos alcance. |
Historia de un viaje por el cuerpo humano
Asimov nos cuenta en sus “Memorias” (Cap.103: “Los Oasis”) que luego de leer el guión, pidió cierta libertad para escribir la novela sin tener que ceñirse estrictamente a un texto que consideró tenía agujeros científicos y argumentales. Sin embargo, nunca le gustó el resultado ya que no consideraba la obra como suya.
Asimov reincidiría después escribiendo una secuela titulada: “Viaje Alucinante II: Destino el Cerebro”. En esta ocasión, aunque la iniciativa vino originalmente del deseo de Hollywood de producir una segunda parte de la exitosa película original, Asimov insistió en escribir su propia novela, la cual debería ser ofrecida primero a Doubleday para su publicación. Doubleday era su editorial de confianza desde hacía 34 años. Debido a los obscuros manejos del agente de Hollywood, la obra fue a parar a manos de otra editorial, por lo que Asimov se negó a escribir el libro. Ante ese desplante, los productores recurrieron al escritor Philip José Farmer, quien efectivamente cumplió con el encargo. Sin embargo, la novela no fue del agrado de los productores, por lo que se valieron de un reconocido publicista, amigo de juventud de Asimov, para que lo convenciera de escribir la novela. Asimov leyó la obra de Farmer y le pareció una excelente historia de ciencia ficción, aunque reconoció que no era de las que el querría o podría hacer. Así, el escritor aceptó el trabajo bajo una serie de condiciones que incluían el pago completo a Farmer por su obra y una plena libertad literaria. De ese modo, “Viaje Alucinante II” vio la luz en las librerías en 1987 de mano de Doubleday. La obra especulaba sobre un futuro en el que estadounidenses y soviéticos eran amigos cautelosos, en plena guerra fría (el muro de Berlín no caería sino hasta dos años después). La película se perdió finalmente en la marea burocrática de un Hollywood venático. Sin embargo, ese año se estrenó curiosamente: “Viaje Insólito” (“Innerspace”). Una película escrita y coproducida por Chip Proser, con Steven Spielberg como productor ejecutivo. Se trataba de una comedia basada en el mismo concepto de miniaturizar una nave para que pueda viajar por el cuerpo humano. La película ganó un Oscar por los Efectos Especiales.
En cierto modo, la visión de entrar al cuerpo humano para que éste sea
reparado por máquinas microscópicas, parece cada vez más ciencia que
ficción. Estudios financiados por varios países y entidades tan
prestigiosas como la NASA, se han tomado en serio el asunto y ya tienen
años avanzando en el desarrollo de “nanobots”, pequeñísimos robots
destinados a realizar increíbles hazañas, entre ellas la “terapia
celular”, célula por célula. |
Asociación Venezolana de Ciencia Ficción y Fantasía